6  Epistemología social y convivencia democrática

Desinformación y crisis de la democracia liberal

Los capítulos anteriores han examinado las bases biológicas, cognitivas y evolutivas del conocimiento humano, así como las discontinuidades que introduce la mediación digital en los procesos epistémicos (véase Sección 5.3). Pero el conocimiento no se produce ni se valida en el vacío: es una actividad constitutivamente social. Comprender las dinámicas del conocimiento contemporáneo exige, por tanto, un marco analítico que tome en serio la dimensión social de la empresa epistémica.

Pregunta-guía del capítulo: ¿Qué rasgos epistémicos distinguen a las comunidades profesionales ancladas en la realidad de los grupos de afinidad ideológica, cómo interactúan ambas lógicas en el ecosistema digital contemporáneo y qué consecuencias tiene su confrontación para la calidad del conocimiento público y la viabilidad democrática?

6.1 La epistemología social como marco analítico

La epistemología social proporciona ese marco. Frente a la epistemología tradicional —centrada en el sujeto individual que forma creencias y las justifica—, la epistemología social estudia cómo las estructuras institucionales, las prácticas colectivas y las relaciones de poder configuran la producción, distribución y evaluación del conocimiento (Goldman, 1999; Goldman & O’Connor, 2021). No se trata de una subdisciplina marginal, sino de un giro programático explicable porque la mayor parte del conocimiento que empleamos en la vida cotidiana y profesional no lo hemos producido individualmente, sino que nos llega a través de cadenas de testimonio, instituciones educativas, medios de comunicación y, cada vez más, plataformas digitales.

Dentro de este campo cabe distinguir dos orientaciones complementarias. La orientación veritista, desarrollada por Alvin Goldman, evalúa las prácticas e instituciones sociales por su capacidad para promover creencias verdaderas y reducir creencias falsas entre los miembros de una comunidad (Goldman, 1999). La pregunta central es: ¿qué arreglos institucionales maximizan la producción de conocimiento fiable? La orientación crítica, articulada en particular por Miranda Fricker y José Medina, examina cómo las desigualdades de poder generan formas sistemáticas de injusticia epistémica que excluyen a determinados grupos del reconocimiento como productores legítimos de conocimiento (Fricker, 2007; Medina, 2013). La estructura social determina quién puede hablar, quién tiene mayor probabilidad de ser escuchado y qué consecuencias tiene el silenciamiento sistemático de ciertos colectivos.

Ambas orientaciones resultan indispensables para analizar la confrontación central de este capítulo, entre comunidades profesionales que operan con criterios de calidad epistémica y grupos de afinidad ideológica cuya cohesión se articula sobre mecanismos distintos del compromiso con la evidencia. La orientación veritista permite evaluar la eficacia epistémica de cada tipo de colectivo; la orientación crítica obliga a plantearse si la propia distinción entre “comunidades de práctica profesional” y “grupos de afinidad ideológica” puede funcionar como instrumento de exclusión epistémica. Esta sección de la monografía explora ambas perspectivas, comenzando por la estructura epistémica de cada tipo de comunidad, analizando luego su interacción en el ecosistema digital y extrayendo finalmente algunas implicaciones en términos de gobernanza democrática y oportunidades de acceso al conocimiento.

7 Comunidades de práctica profesional: estructura epistémica

Las comunidades de práctica profesional constituyen colectivos organizados en torno a la mejora sistemática de habilidades, conocimientos y procedimientos requeridos para el ejercicio competente de una actividad especializada. Su caracterización teórica se remonta al trabajo de Etienne Wenger, quien las definió como grupos de personas que comparten una preocupación o pasión por algo que hacen y aprenden a hacerlo mejor a través de la interacción regular (1998). Lo que distingue a estas comunidades de otras formas de asociación es la combinación de tres elementos: un dominio compartido de competencia, una comunidad que permite el aprendizaje colectivo y una práctica que genera recursos compartidos (herramientas, historias, métodos).

Desde la perspectiva de la epistemología social, el rasgo decisivo de estas comunidades es su función como sistemas epistémicos —es decir, como estructuras organizativas cuya arquitectura facilita o dificulta la producción de conocimiento fiable (Goldman, 1999). En estos sistemas, el conocimiento no se adquiere primariamente a través de la reflexión individual aislada, sino a través de procesos de aprendizaje situacional: la percepción y la acción ocurren frecuentemente antes de la conceptualización, en entornos complejos donde el saber se inserta en la actividad cotidiana (Grout, 2022; Terry et al., 2020). Los integrantes difieren en intereses, valores y puntos de vista personales, pero convergen en el objetivo de avanzar en la práctica profesional y mejorar los estándares de calidad en el trabajo, sin subestimar las innovaciones técnicas potencialmente útiles para dicho fin (Cho, 2016; Patton & Parker, 2017).

Sobre el desarrollo de comunidades de práctica en diversos contextos profesionales, véase James-McAlpine et al. (2023) (investigación sanitaria), Metzger et al. (2019) (servicios ecosistémicos) y Kellam et al. (2023) (entornos virtuales).

El anclaje en la realidad de estas comunidades opera a través de un mecanismo epistémico fundamental: la retroalimentación empírica. A diferencia de los grupos cuya cohesión depende de la adhesión a creencias compartidas, las comunidades profesionales están sometidas a las consecuencias observables de sus decisiones. Un puente mal calculado colapsa; un diagnóstico erróneo tiene efectos clínicos detectables; un código defectuoso produce fallos reproducibles. Este ciclo de acción-consecuencia-corrección constituye lo que Goldman denomina un “sistema epistémico con retroalimentación negativa”: un sistema que, por su propia estructura, tiende a corregir errores antes que a perpetuarlos. La vinculación de estas comunidades con asociaciones profesionales de ámbito estatal o internacional refuerza este mecanismo al institucionalizar estándares de competencia, protocolos de actualización y mecanismos de rendición de cuentas (Lahenius, 2012; Schimel, 2023).

8 Normas de la ciencia y escepticismo organizado

La comunidad científica representa el caso paradigmático de comunidad profesional con anclaje epistémico. Su actividad se puede analizar como un sistema social de producción y validación de conocimiento cuyos rasgos distintivos —un cuerpo de conocimientos compartidos, metodologías estandarizadas, escepticismo organizado, revisión por pares, apertura al debate y relación con la realidad empírica— no son meramente descriptivos, sino que funcionan como normas constitutivas que definen la empresa científica como tal.

8.1 Las normas mertonianas y sus contra-normas

Robert K. Merton identificó cuatro normas institucionales que, en su análisis, constituyen el ethos de la ciencia moderna (Merton, 1973):

  • Comunalismo (Communalism): los resultados científicos son propiedad común de la comunidad, no del investigador individual. La publicación abierta es la norma; el secretismo, la excepción que requiere justificación.
  • Universalismo (Universalism): las contribuciones se evalúan por criterios impersonales de mérito, independientemente del origen social, étnico, religioso o nacional del investigador.
  • Desinterés (Disinterestedness): la actividad científica se orienta al avance del conocimiento, no al beneficio personal. Los mecanismos institucionales de control —como la revisión por pares— operan como salvaguardas contra el fraude y la manipulación.
  • Escepticismo organizado (Organized Skepticism): las afirmaciones y teorías deben estar respaldadas por evidencias sólidas y sometidas al escrutinio crítico de la comunidad antes de su aceptación generalizada.

John Ziman observó que la ciencia contemporánea opera frecuentemente bajo un régimen de normas que invierte las mertonianas (Ziman, 2000):

  • Propietario (Proprietary): patentes, acuerdos de confidencialidad y propiedad intelectual restringen el acceso a resultados.
  • Local (Local): la investigación se orienta a problemas específicos del financiador, no a cuestiones universales.
  • Autoritario (Authoritarian): las jerarquías institucionales y las estructuras de financiación condicionan qué se investiga y cómo.
  • Comisionado (Commissioned): la agenda investigadora responde a encargos externos, no a la curiosidad intelectual.
  • Experto (Expert): el conocimiento se segmenta en especialidades técnicas cerradas, dificultando la comunicación interdisciplinar.

La tensión entre ambos conjuntos de normas no es una anomalía, sino una característica constitutiva de la ciencia contemporánea. Reconocerla permite comprender por qué las comunidades científicas no son inmunes a las dinámicas que este capítulo atribuye a los grupos de afinidad ideológica: la presión por publicar (publish or perish), la competencia por financiación, la autopromoción sistemática y las dinámicas de prestigio institucional pueden erosionar las normas mertonianas desde dentro.

8.2 Patologías del sistema y autocorrección

La crisis de reproducibilidad que afecta a múltiples disciplinas —desde la psicología social hasta la biomedicina— constituye un ejemplo paradigmático de esta erosión. John Ioannidis llamó la atención sobre el problema cuando afirmó que la mayoría de los hallazgos publicados en investigación son probablemente falsos, debido a la combinación de tamaños muestrales pequeños, sesgos de publicación, flexibilidad analítica y conflictos de interés (2005). La proliferación de fábricas de retractación (retraction mills) y revistas depredadoras confirma que los mecanismos de control de calidad pueden ser subvertidos sistemáticamente cuando los incentivos institucionales se vuelven incompatibles con las normas epistémicas.

Sin embargo, el escrutinio incesante sobre el problema y sus disfunciones suele interpretarse como prueba de la capacidad autocorrectiva del sistema. Fueron investigadores dentro de la propia comunidad científica quienes identificaron la crisis de reproducibilidad, desarrollaron herramientas para diagnosticarla (meta-análisis, pre-registro de estudios, análisis de curvas p) y promovieron reformas institucionales para mitigarla. Como argumenta Philip Kitcher, el progreso científico no consiste en la acumulación lineal de verdades, sino en un proceso social de debate, error y corrección que, a largo plazo, tiende a producir representaciones más adecuadas de la realidad (2011). Esta capacidad de autocorrección institucionalizada —imperfecta pero operativa— es precisamente lo que distingue a las comunidades científicas de los grupos cuya cohesión depende de la impermeabilidad a la crítica.

9 Grupos de afinidad ideológica: lógica epistémica y mecanismos de cohesión

En contraste con las comunidades articuladas sobre prácticas y procedimientos de transmisión y mejora de conocimiento especializado, los grupos de afinidad ideológica se aglutinan sobre creencias y valores compartidos, a menudo abstractos y subjetivos, y por lo general refractarios a la crítica y la corrección basada en evidencia (Kyle et al., 2016). No se trata de colectivos donde los individuos buscan mejorar su competencia a través de la reflexión crítica y la innovación en la resolución de problemas; el objetivo central de las interacciones es colaborar y prestarse apoyo mutuo en la promoción de una causa común o la difusión de un conjunto de creencias. Sus reglas de funcionamiento son menos formales que las de las comunidades profesionales, y su liderazgo no depende de criterios de excelencia y competencia, sino de la identificación sin fisuras con la ideología compartida y el compromiso con los objetivos del grupo (Lund, 2017; Myers et al., 2019).

9.1 La lógica epistémica de las malas creencias

Una contribución decisiva para comprender la dinámica epistémica de estos grupos la ofrece Neil Levy en Bad Beliefs (2022). Frente a la explicación habitual —que atribuye las creencias erróneas a deficiencias cognitivas individuales (ignorancia, pereza intelectual, irracionalidad)—, Levy argumenta que las personas forman creencias siguiendo señales sociales que funcionan como evidencia de orden superior (higher-order evidence). En un entorno informativo complejo donde ningún individuo puede verificar personalmente la mayor parte de lo que cree, la estrategia epistémica racional consiste en dar credibilidad a quienes nuestro grupo de referencia considera fiables. El problema no es que los individuos sean irracionales, sino que los entornos informativos están estructurados de tal modo que las señales sociales pueden apuntar sistemáticamente en la dirección equivocada.

Esta perspectiva tiene implicaciones profundas para el contraste entre comunidades profesionales y grupos ideológicos. En ambos tipos de colectivo, los individuos confían en señales sociales para orientar sus creencias. La diferencia crucial reside en la estructura de retroalimentación: en las comunidades profesionales, las señales sociales están calibradas por la realidad empírica (el puente que colapsa, el diagnóstico que falla); en los grupos ideológicos, las señales sociales se calibran mutuamente en un circuito cerrado donde la coherencia interna sustituye a la adecuación empírica.

9.2 Mecanismos de cohesión: razonamiento motivado, identidad y emociones morales

La cohesión de los grupos ideológicos se sustenta en varios mecanismos psicológicos interrelacionados. El razonamiento motivado —la tendencia a buscar, interpretar y recordar información de modo que confirme las creencias previas— opera con especial intensidad cuando las creencias están vinculadas a la identidad grupal. Dan Kahan ha demostrado que la cognición identitario-protectora (identity-protective cognition) lleva a personas con alta capacidad analítica a emplear esa misma capacidad para racionalizar las posiciones de su grupo, no para evaluarlas críticamente (Kahan, 2017). La inteligencia y la formación no protegen contra el sesgo cuando lo que está en juego es la pertenencia grupal.

Jonathan Haidt aporta una dimensión complementaria al mostrar cómo las emociones morales —lealtad, autoridad, santidad, equidad, cuidado— funcionan como intuiciones rápidas que preceden y condicionan el razonamiento posterior (Haidt, 2012). Los grupos ideológicos no deliberan para llegar a conclusiones: primero intuyen emocionalmente y luego racionalizan. El razonamiento funciona, en la metáfora de Haidt, como un “abogado” que defiende posiciones previamente adoptadas, no como un “juez” que evalúa imparcialmente la evidencia.

Hugo Mercier y Dan Sperber refuerzan esta línea al argumentar que la función evolutiva del razonamiento humano no es la búsqueda individual de la verdad, sino la producción de argumentos en contextos de comunicación social (Mercier & Sperber, 2017). El razonamiento es una adaptación para persuadir y evaluar argumentos ajenos, no para el pensamiento solitario. Esta función argumentativa explica tanto los sesgos individuales como la capacidad correctiva del debate en comunidades con normas epistémicas adecuadas —y su ausencia en grupos donde la unanimidad se impone sobre la deliberación.

Michael Lind (2020) analiza la agencia política de estos grupos en términos de un conflicto de clase entre élites metropolitanas y clases trabajadoras, cuya “mentalidad de clase oprimida” articula formas de solidaridad ideológica con potencial para transformar instituciones decisivas.

9.3 Mecanismos de salida y espirales de silencio

Un aspecto frecuentemente subestimado es la dificultad de abandonar estos grupos. Aunque la pertenencia es formalmente voluntaria, la salida implica costes sociales, emocionales e identitarios que operan como barreras efectivas. La espiral de silencio descrita por Elisabeth Noelle-Neumann se manifiesta con particular intensidad en grupos ideológicos: quienes perciben que su opinión es minoritaria dentro del grupo tienden a callar, lo que refuerza la percepción de unanimidad y aumenta la presión sobre los disidentes potenciales. El resultado es un mecanismo de autoselección que expulsa gradualmente las voces moderadas y consolida las posiciones más extremas.

El movimiento antivacunas contemporáneo ilustra con precisión la dinámica de captura ideológica de una preocupación inicialmente legítima. La publicación fraudulenta de Andrew Wakefield en The Lancet (1998), que asociaba la vacuna triple vírica con el autismo, funcionó como punto de inflexión: una comunidad de padres con preocupaciones comprensibles sobre la seguridad de sus hijos fue progresivamente cooptada por redes de desinformación que transformaron la cautela sanitaria en rechazo ideológico a la medicina basada en la evidencia.

El proceso muestra los mecanismos descritos en esta sección: las señales sociales (Levy) se recalibraron dentro del grupo para dar credibilidad a figuras no expertas; el razonamiento motivado (Kahan) llevó a interpretar cualquier evidencia favorable a las vacunas como prueba de conspiración; las emociones morales de cuidado y pureza (Haidt) proporcionaron la energía afectiva necesaria para sostener creencias refutadas. La pandemia de COVID-19 aceleró dramáticamente esta dinámica, fusionando el antivacunismo con conspiracionismos más amplios (QAnon, soberanismo sanitario) y creando una infraestructura digital de desinformación con alcance global (Ecker et al., 2022).

Lo epistémicamente relevante no es que estas personas sean “irracionales” en un sentido individual, sino que sus entornos informativos han sido estructurados —por algoritmos, por líderes de opinión, por dinámicas grupales— de modo que las señales sociales disponibles apuntan consistentemente en dirección opuesta a la evidencia científica acumulada (Oreskes, 2021). Si logran suficiente influencia social, pueden desencadenar episodios de irracionalidad colectiva y desactivar las pocas instancias con alguna capacidad para evitar o atenuar consecuencias potencialmente devastadoras.

10 Caos epistémico y erosión de la autoridad experta

Si se tiene en cuenta la cantidad de asuntos dependientes de conocimiento científico-técnico especializado sobre los que las instituciones democráticas legislan, regulan o coordinan, resulta evidente el peligro que supone la acción de grupos no anclados en la realidad ni dispuestos a operar con criterios basados en la evidencia o en el mejor conocimiento disponible. Jonathan Rauch conceptualiza este peligro mediante la noción de “constitución del conocimiento”: un sistema social análogo a la constitución política, compuesto por normas, instituciones y prácticas que regulan colectivamente la producción y validación de conocimiento (2021). Al igual que la constitución política puede ser socavada por actores que explotan sus propias libertades para destruirla, la constitución del conocimiento puede ser atacada por quienes utilizan la apertura del debate público para introducir caos epistémico —un contexto cultural y político donde cualquier creencia u opinión se reivindica con la misma validez que los hechos establecidos.

10.1 La muerte de la experiencia como fenómeno sociocultural

Rauch identifica varios vectores de este caos, que convergen con los diagnósticos de otros analistas. Tom Nichols analiza en The Death of Expertise (Nichols, 2024) cómo la accesibilidad de información sin contrastar a través de Internet ha erosionado el respeto por el conocimiento experto y la autoridad profesional en campos especializados. El fenómeno no se reduce a la ignorancia tradicional. Nichols sostiene que los sistemas educativos y las universidades han derivado hacia modelos donde “el cliente siempre tiene la razón”, cuyo resultado es el debilitamiento de la autoridad epistémica del profesorado. A esta dinámica se suma el periodismo profesional, abandonando la investigación de los hechos en favor del entretenimiento y la retención de audiencias (Barton, 2019).

Lee McIntyre sitúa estas dinámicas en el marco más amplio de la posverdad, como escenario donde la emoción y las creencias personales sustituyen a la evidencia y la verdad en el discurso público (2018). McIntyre identifica como principal impulsor de la posverdad no las narrativas posmodernas —cuya influencia considera real pero secundaria—, sino la actividad deliberada de grupos ideológicos involucrados en propagar mentiras y desinformación con fines políticos. La posverdad no es un fenómeno filosófico abstracto, sino una estrategia política concreta.

A estos déficits de criterio experto se suma el problema del anumerismo, entendido como la incompetencia generalizada para realizar cálculos básicos en la interpretación estadística, probabilística y gráfica de datos, tendencias y márgenes de incertidumbre (Paulos, 1988). Como señalan Bergstrom y West, esta carencia no se percibe tan problemática como otros tipos de ignorancia, pero explica por qué incluso audiencias cultivadas sucumben a interpretaciones sesgadas en el discurso político, con resultados frecuentemente indistinguibles de la conducta irreflexiva basada en emociones y desconocimiento (Bergstrom & West, 2021).

10.2 De la posverdad a la “pre-verdad”: raíces institucionales de la erosión epistémica

Jennifer Kavanagh y Michael Rich, investigadores de la RAND Corporation, proponen el concepto de Truth Decay para describir un fenómeno con cuatro dimensiones interrelacionadas: el desacuerdo creciente sobre hechos y datos, la difuminación de la frontera entre opinión y hecho, el aumento del volumen y la influencia de la opinión sobre los hechos, y la disminución de la confianza en fuentes que antes se consideraban fiables (Kavanagh & Rich, 2018). Lo significativo de su análisis es que el Truth Decay no es un fenómeno enteramente nuevo: tiene precedentes históricos (la era del yellow journalism en EE.UU., la propaganda bélica del siglo XX). Lo que distingue al episodio actual es la velocidad y escala que proporcionan las tecnologías digitales, así como la convergencia simultánea de las cuatro dimensiones.

El informe de la RAND Corporation sobre Truth Decay (2018) constituye uno de los diagnósticos más sistemáticos de la erosión epistémica contemporánea. Su marco analítico identifica cuatro tendencias convergentes: (1) desacuerdo creciente sobre hechos objetivos y datos analíticos; (2) difuminación de la frontera entre opinión y hecho; (3) aumento del volumen relativo y de la influencia de la opinión frente a los hechos; (4) disminución de la confianza en instituciones que antes se consideraban fuentes autorizadas de información factual.

La comparación histórica resulta instructiva: episodios anteriores de erosión epistémica (como la era del periodismo amarillo a finales del siglo XIX o la propaganda durante las guerras mundiales) afectaron a una o dos de estas dimensiones simultáneamente. El episodio actual es excepcional porque las cuatro convergen, amplificadas por un ecosistema digital que permite la producción y distribución de desinformación a una escala sin precedentes. El informe subraya que los impulsores no son exclusivamente tecnológicos: incluyen la polarización política, cambios en el sistema educativo, presiones económicas sobre el periodismo profesional y transformaciones cognitivas asociadas a la sobrecarga informativa.

La implicación para el análisis de este capítulo es directa: el Truth Decay no es un fenómeno que los grupos ideológicos simplemente explotan; es un entorno que los alimenta, que amplifica sus mensajes y que debilita simultáneamente las instituciones —comunidades científicas, periodismo de investigación, sistemas educativos— que podrían contrarrestar su influencia.

11 Dimensión digital: cámaras de eco, burbujas epistémicas y desinformación algorítmica

La dimensión digital del conflicto entre comunidades profesionales y grupos de afinidad ideológica constituye la novedad más significativa del panorama epistémico contemporáneo. Aunque la tensión entre conocimiento experto y creencia popular es antigua, el ecosistema digital ha transformado cualitativamente sus dinámicas: la velocidad de propagación de la desinformación, la escala de su alcance y la sofisticación de los mecanismos de segmentación y personalización algorítmica carecen de precedentes históricos. Esta sección aborda un vacío analítico que los marcos tradicionales de epistemología social no podían anticipar.

11.1 Cámaras de eco y burbujas epistémicas: una distinción crucial

Thi Nguyen ha propuesto una distinción epistemológica fundamental entre dos fenómenos que el discurso público tiende a confundir (2020). Las burbujas epistémicas son entornos informativos donde cierta información relevante está ausente por omisión, es decir, el individuo no rechaza de manera activa exponerse a perspectivas alternativas, pero la estructura de su red informativa no las incluye. Las cámaras de eco, en cambio, son entornos donde las fuentes externas de información han sido activamente desacreditadas, y el individuo no solo carece de información alternativa, sino que ha sido entrenado para desconfiar de ella cuando la encuentra.

Importante

Distinción clave: La burbuja epistémica se resuelve proporcionando información ausente; la cámara de eco no, porque el individuo dispone de mecanismos activos para rechazar cualquier información que contradiga las creencias del grupo. Esta diferencia tiene implicaciones directas para las estrategias de intervención: lo que funciona contra una burbuja (más información, fact-checking) puede ser contraproducente contra una cámara de eco (refuerza la percepción de ataque externo).

La distinción de Nguyen ilumina por qué las estrategias convencionales de lucha contra la desinformación —proporcionar más y mejor información— resultan frecuentemente ineficaces. El problema no es informativo sino epistémico: no se trata de que falte información, sino de que los mecanismos de evaluación de la credibilidad han sido subvertidos. En las cámaras de eco, las fuentes externas no son simplemente desconocidas: han sido activamente etiquetadas como no fiables, sesgadas o conspirativas por las fuentes internas del grupo.

11.2 Arquitectura de la desinformación: algoritmos, economía de la atención y sesgos cognitivos

La formación de cámaras de eco y burbujas no es un proceso espontáneo ni puramente social: tiene una arquitectura tecnológica específica. Los algoritmos de recomendación de las grandes plataformas digitales (redes sociales, motores de búsqueda, servicios de vídeo) están diseñados para maximizar el engagement —el tiempo de atención del usuario—, y la investigación empírica muestra consistentemente que el contenido emocionalmente activador (indignación, miedo, sorpresa) genera más interacción que el contenido informativo equilibrado (Kozyreva et al., 2020). El resultado es un sesgo estructural del ecosistema digital hacia la polarización: los algoritmos no “eligen” la desinformación, pero seleccionan sistemáticamente el contenido que la favorece.

Gordon Pennycook y David Rand han demostrado que la susceptibilidad a las fake news no depende primariamente de la orientación política ni de la capacidad cognitiva, sino del grado de reflexión analítica que el individuo aplica al evaluar la información (Pennycook & Rand, 2021). En el contexto de las redes sociales —donde la información se consume rápidamente, en contextos de distracción y sobrecarga—, el pensamiento analítico es precisamente lo que se desincentiva. El diseño de las plataformas promueve respuestas rápidas e intuitivas (el like, el share, la indignación inmediata) que cortocircuitan los procesos de evaluación crítica.

Ullrich Ecker y colaboradores identifican los principales impulsores psicológicos de la creencia adquirida o consolidada en redes de desinformación: la familiaridad con las afirmaciones (el efecto de “verdad ilusoria” por exposición repetida), la coherencia con las creencias previas, las emociones asociadas al contenido, y la fiabilidad percibida percibida de la fuente de información (Ecker et al., 2022). Estos mecanismos son explotados sistemáticamente por las redes de propaganda y desinformación, que combinan repetición, apelación emocional y credibilidad simulada (cuentas falsas, sitios web con apariencia profesional, deepfakes) para maximizar su impacto.

O’Connor y Weatherall (2019) modelizan formalmente cómo la desinformación se propaga en redes sociales, mostrando que incluso agentes individualmente racionales pueden converger en creencias falsas cuando la estructura de la red favorece la transmisión selectiva de evidencia.

11.3 Respuestas institucionales: regulación, prebunking y refuerzo cognitivo

Frente a este panorama, las respuestas institucionales se articulan en varios niveles. En el plano regulatorio, la Ley de Servicios Digitales (Digital Services Act) de la Unión Europea [Reglamento (UE) 2022/2065; Parlamento Europeo y Consejo de la Unión Europea (2022)] representa el intento más ambicioso de establecer un marco normativo para la responsabilidad de las plataformas digitales en la moderación de contenidos, la transparencia algorítmica y la protección frente a la desinformación sistémica. Su implementación plantea, no obstante, tensiones no resueltas entre la protección de la calidad epistémica del espacio público y la libertad de expresión.

En el plano cognitivo, Kozyreva, Lewandowsky y Hertwig proponen una estrategia de refuerzo cognitivo (cognitive boosting) que, en lugar de filtrar contenidos o corregir errores ya cometidos (debunking), busca fortalecer las competencias epistémicas de los ciudadanos para que evalúen autónomamente la información (Kozyreva et al., 2020). Este enfoque incluye técnicas de prebunking (exposición preventiva a versiones atenuadas de argumentos falaces para generar “inmunidad” epistémica), alfabetización digital y herramientas de lateral reading (verificación de fuentes consultando fuentes externas antes de evaluar el contenido).

11.4 Inteligencia artificial generativa y desinformación a escala

Los desarrollos más recientes en inteligencia artificial generativa (2024-2026) han añadido una dimensión cualitativamente nueva al problema. La capacidad de producir textos convincentes, imágenes fotorrealistas (deepfakes), audio sintético y vídeos manipulados a coste prácticamente nulo y escala industrial ha transformado la economía de la desinformación. Los chatbots propagandísticos, el contenido pseudocientífico generado automáticamente y la producción industrializada de astroturfing (creación artificial de apariencia de apoyo popular) plantean desafíos que las estrategias de verificación manual no pueden abordar. Esta dinámica conecta directamente con las discontinuidades digitales analizadas en el capítulo anterior y plantea la pregunta de si las herramientas cognitivas individuales pueden ser suficientes frente a la desinformación algorítmicamente optimizada, o si se requieren intervenciones estructurales en la arquitectura misma de las plataformas (Benkler et al., 2018; Sunstein, 2017).

El negacionismo del cambio climático en la plataforma Twitter/X ofrece un caso paradigmático para aplicar la distinción de Nguyen (2020). Los usuarios negacionistas operan simultáneamente en una burbuja epistémica (sus redes de seguimiento no incluyen cuentas de climatólogos, agencias medioambientales o divulgadores científicos, por lo que los datos del IPCC simplemente no aparecen en su flujo de información) y en una cámara de eco (las fuentes que sí consumen —blogs negacionistas, cuentas de think tanks financiados por la industria fósil, influencers conspiracionistas— desacreditan activamente al IPCC como organismo político sesgado).

La diferencia operativa es decisiva: proporcionar información científica sobre el cambio climático a un usuario en burbuja puede ser eficaz; proporcionarla a un usuario en cámara de eco es frecuentemente contraproducente, porque activa los mecanismos de defensa del grupo (cognición identitario-protectora) y refuerza la narrativa de persecución. Las estrategias de intervención más prometedoras no atacan las creencias directamente, sino que intentan restaurar la credibilidad de fuentes externas —por ejemplo, a través de voces dentro del propio grupo ideológico que validen la legitimidad de la ciencia climática, o mediante técnicas de prebunking que vacunen contra las estrategias retóricas de la desinformación antes de que el individuo las encuentre.

El caso ilustra también cómo las comunidades profesionales (climatólogos, ecólogos) y los grupos ideológicos (lobby fósil, populismo negacionista) interactúan asimétricamente: los profesionales producen conocimiento según estándares de revisión por pares, pero su alcance comunicativo es estructuralmente inferior al de las redes de desinformación, cuyo contenido es algorítmicamente favorecido por su mayor capacidad de generar engagement emocional.

12 La construcción social del conocimiento: alcance y límites

Las estrategias de comunicación empleadas por los grupos de afinidad ideológica se adecuan en muchos aspectos a pautas compatibles con diversas aportaciones de la sociología contemporánea —tan eficaces o más que las narrativas posmodernas para convencer a sectores de la población con amplia formación posobligatoria de que la realidad es socialmente construida por los individuos. Peter Berger y Thomas Luckmann proporcionaron en The Social Construction of Reality (1966) el marco teórico clásico para esta posición, con una obra cuya influencia reforzó los enfoques que relativizaban el conocimiento como una construcción social desligada de cualquier noción de verdad objetiva, enfatizando los procesos intersubjetivos —interacción, negociación y construcción de significados compartidos— para comprender la formación del conocimiento y la realidad social.

La recepción crítica de Berger y Luckmann se produjo desde múltiples frentes: las perspectivas postestructuralistas les reprocharon el énfasis excesivo en la intersubjetividad, en detrimento del estudio de las relaciones de poder y las narrativas marginadas; la sociología crítica de Bourdieu señaló cómo la centralidad otorgada a la socialización primaria dejaba en segundo plano las dinámicas de cambio social que más contribuyen a transformar lo dado —la toma de conciencia por parte de grupos marginados a partir de condicionantes de género, etnia o clase social— y que se asocian con los procesos de socialización secundaria donde instituciones especializadas proporcionan competencias orientadas al desempeño en el mundo objetivo (Bourdieu, 1989).

12.1 Tipos interactivos y los límites de la construcción social

Ian Hacking ofreció en The Social Construction of What? (1999) la crítica más lúcida al uso inflacionario del concepto de “construcción social”. Su análisis distingue entre categorías que están igualmente construidas socialmente y propone la noción de tipos interactivos (interactive kinds): categorías que interactúan con los objetos que etiquetan y los alteran. La clasificación de una persona como “refugiada”, “autista” o “depresiva” no simplemente la describe: modifica su comportamiento, su autocomprensión y las expectativas sociales que recaen sobre ella.

Esta noción tiene una aplicación directa y reveladora para el contraste central de este capítulo. Las categorías de “comunidad profesional” y “grupo de afinidad ideológica” son ellas mismas tipos interactivos: clasificar a un colectivo como “profesional” le confiere legitimidad epistémica; clasificarlo como “ideológico” se la retira. Los actores así clasificados reaccionan a la clasificación —buscando presentarse como “profesionales” y a sus rivales como “ideológicos”—, lo que modifica las dinámicas que la propia clasificación pretendía describir. Reconocer este carácter interactivo no invalida la distinción, pero obliga a emplearla con cautela reflexiva.

Por otro lado, las tesis de Berger y Luckmann reforzaron todas las posiciones afines al relativismo epistémico: sostener que la verdad y la validez del conocimiento dependen de contextos sociales específicos, más que de criterios objetivos y decisiones metodológicas cualificadas, minaba la confianza en los resultados obtenidos con metodologías y protocolos estandarizados (Luhmann, 1995). Sin embargo, la construcción social del conocimiento tiene límites impuestos por procesos materiales que no son socialmente negociables. Los nuevos materialismos —Alaimo, Braidotti, Coole y Frost— han subrayado que la distinción radical entre naturaleza y cultura impide captar el grado de dependencia que los procesos de construcción social tienen respecto de procesos materiales y naturales (Alaimo, 2010; Braidotti, 2019; Coole & Frost, 2010). El cambio climático, las pandemias y las extinciones masivas son procesos materiales que imponen restricciones a la construcción social del conocimiento, y ninguna negociación intersubjetiva las puede eludir.

13 Perspectivismo, realismo y materialismo científico

Entre relativismo y universalismo cabe situar posiciones como la de Ronald N. Giere, cuyo perspectivismo científico no se centra en la búsqueda de leyes universales, sino en la construcción de modelos que representan aspectos limitados del mundo (Giere, 1999, 2006). Giere argumenta que estos modelos son generalizaciones restringidas, diseñadas para servir a fines humanos y que corresponden a partes del mundo de maneras que pueden ser consideradas genuinamente objetivas. Por importantes que resulten los aspectos sociales que condicionan la actividad científica, el conocimiento científico es conocimiento del mundo y hay una diferencia entre el conocimiento y la mera opinión, incluso la opinión generalizada.

El perspectivismo de Giere ha sido desarrollado y sofisticado por Michela Massimi, cuyo realismo perspectival articula una posición que combina el reconocimiento de la pluralidad de perspectivas científicas con un compromiso realista mínimo: las diferentes perspectivas capturan aspectos genuinos de una realidad independiente, aunque ninguna la agote (Massimi, 2022). El debate contemporáneo entre perspectivismo y realismo estructural muestra que el perspectivismo es compatible con un realismo mínimo (las estructuras que la ciencia descubre son objetivas), pero incompatible con un realismo ingenuo (la ciencia no ofrece una copia exacta de la realidad).

Esta discusión filosófica tiene implicaciones directas para el contraste central del capítulo. Las comunidades profesionales operan con perspectivas: instrumentos, metodologías y marcos teóricos que son parciales pero corregibles. Los grupos ideológicos operan con cosmovisiones que se presentan como totales e incorregibles. La diferencia no reside primariamente en el contenido de las creencias, sino en la actitud epistémica hacia la parcialidad del propio punto de vista: las comunidades profesionales reconocen (al menos institucionalmente) que su perspectiva es limitada y revisable; los grupos ideológicos tienden a presentar su cosmovisión como completa y definitiva.

La capacidad constatada de la ciencia para producir tecnologías efectivas y predicciones precisas desafía la idea de que el conocimiento es puramente construcción social. El realismo científico —con distintos grados de sofisticación, desde el materialismo de Bunge (1981) hasta el perspectivismo de Massimi— constituye el paradigma subyacente a gran parte de la investigación contemporánea en física y biología.

14 Casos híbridos: cuando las fronteras se difuminan

La contraposición entre comunidades profesionales y grupos de afinidad ideológica, aunque analíticamente productiva, no debe reificarse como una dicotomía rígida. La realidad social presenta numerosos casos híbridos donde las fronteras se difuminan, y reconocerlos es esencial para evitar una aplicación simplista del marco analítico.

14.1 Comunidades profesionales con captura ideológica

La historia de la ciencia ofrece ejemplos preocupantes de comunidades profesionales cuyas prácticas epistémicas fueron subordinadas a compromisos ideológicos. La economía ortodoxa anterior a la crisis financiera de 2008, con su adhesión cuasidogmática a modelos de mercados eficientes, ilustra cómo una comunidad con todos los atributos formales de la profesionalidad (revistas con revisión por pares, cátedras universitarias, premios Nobel) puede funcionar epistémicamente como un grupo ideológico cuando los mecanismos de autocorrección fallan. La psiquiatría soviética, que diagnosticaba “esquizofrenia latente” a los disidentes políticos, representa el caso extremo de captura ideológica total de una profesión. Philip Mirowski ha documentado cómo la mercantilización de la investigación científica erosiona las normas mertonianas desde dentro, transformando progresivamente comunidades profesionales en proveedores de legitimidad epistémica para intereses comerciales (Mirowski, 2011).

14.2 Grupos ideológicos con prácticas epistémicas rigurosas

Inversamente, algunos grupos cuyo origen es claramente ideológico o activista han desarrollado prácticas epistémicas de notable rigor. El caso paradigmático es el movimiento ACT UP durante la crisis del SIDA: activistas sin formación científica formal desarrollaron una expertise farmacéutica suficiente para negociar protocolos de ensayos clínicos con la FDA y las compañías farmacéuticas, contribuyendo sustancialmente a acelerar el desarrollo de tratamientos efectivos (Epstein, 1996). Los movimientos de ciencia ciudadana en contextos medioambientales —comunidades locales que aprenden a recopilar datos sobre contaminación, calidad del agua o biodiversidad con rigor metodológico— muestran que la frontera entre activismo y producción de conocimiento puede ser productivamente porosa. Las organizaciones de pacientes con enfermedades raras que producen conocimiento clínicamente relevante (registros de pacientes, datos de efectividad de tratamientos en condiciones reales) representan otro caso de hibridación epistémicamente fértil.

14.3 La universidad bajo tensión

La universidad contemporánea constituye quizá el caso híbrido más significativo por su relevancia institucional. Paradigma de comunidad profesional orientada a la producción y transmisión de conocimiento, la universidad se encuentra sometida a presiones simultáneas de mercantilización (publish or perish, rankings, financiación condicionada a resultados) e ideologización desde diversas posiciones políticas. La erosión de las normas mertonianas se produce desde dentro: no por ataques externos, sino por la transformación gradual de los incentivos institucionales que hacen que publicar mucho sea más rentable que publicar bien, que la obtención de financiación prevalezca sobre la independencia investigadora, y que la corrección política —de cualquier signo— sustituya al debate intelectual libre.

Objetivo: Aplicar los criterios epistémicos del capítulo para clasificar colectivos que combinan rasgos de comunidades profesionales y grupos ideológicos.

Materiales: Viñetas breves describiendo cuatro colectivos:

  1. Asociación Internacional de Psicoanálisis (circa 1950): comunidad con formación reglada, publicaciones con revisión interna, congresos internacionales… pero mecanismos de exclusión de disidentes, fidelidad al corpus doctrinal fundacional, resistencia sistemática a la evaluación empírica de eficacia terapéutica.
  2. Movimiento Open Source: base ideológica explícita (software libre como valor político), pero prácticas de revisión de código rigurosas, meritocracia técnica, corrección de errores basada en evidencia funcional.
  3. Organización de pacientes con enfermedad rara: origen en experiencia personal y solidaridad grupal (rasgos de grupo de afinidad), pero desarrollo progresivo de registros de pacientes, colaboración con investigadores, producción de datos clínicamente relevantes.
  4. Think tank político con departamento de investigación: financiación vinculada a agenda ideológica, pero publicaciones con apariencia académica, investigadores con credenciales universitarias, datos y metodologías presentados con rigor formal.

Instrucciones:

  1. Para cada viñeta, identifique los rasgos que corresponden a comunidades profesionales y los que corresponden a grupos ideológicos.
  2. Sitúe cada caso en un espectro continuo entre ambos polos, justificando su posición con criterios epistémicos (no solo sociológicos).
  3. ¿Qué mecanismo o condición institucional podría desplazar cada caso hacia el polo de comunidad profesional? ¿Y hacia el polo de grupo ideológico?

Criterios de evaluación: Precisión en la aplicación de conceptos del capítulo, capacidad de argumentación matizada (evitar clasificaciones binarias), identificación de los mecanismos epistémicos relevantes (retroalimentación empírica, señales sociales, normas mertonianas, razonamiento motivado).

15 Injusticia epistémica y resistencia: la dimensión ética

El marco analítico desarrollado hasta aquí —comunidades profesionales vs. grupos ideológicos, con casos híbridos que complican la dicotomía— requiere una dimensión ética que la epistemología social contemporánea ha articulado con particular fuerza. La distinción entre colectivos con legitimidad epistémica y colectivos sin ella no es éticamente neutral: puede funcionar como instrumento de justicia (cuando protege la calidad del conocimiento público) o como instrumento de exclusión (cuando silencia voces legítimas etiquetándolas como “ideológicas”).

15.1 Injusticia testimonial

Miranda Fricker identifica la injusticia testimonial como la forma primaria de injusticia epistémica: un hablante recibe menos credibilidad de la que merece debido a prejuicios estructurales vinculados a su género, raza, clase social u origen (Fricker, 2007). El fenómeno conecta directamente con la dinámica comunidades/grupos: ¿quién es reconocido como “experto” y quién es descartado como “ideológico”? La historia muestra que esta clasificación ha funcionado frecuentemente como mecanismo de exclusión: el conocimiento de las mujeres sobre su propio cuerpo fue sistemáticamente descartado por la medicina durante siglos; las observaciones de comunidades indígenas sobre ecosistemas locales fueron desestimadas por ecólogos que descubrieron después los mismos patrones; los testimonios de trabajadores sobre riesgos laborales fueron minimizados por las empresas que los empleaban.

15.2 Injusticia hermenéutica

La segunda forma de injusticia epistémica identificada por Fricker es la injusticia hermenéutica: la situación en que un grupo carece de los recursos interpretativos necesarios para dar sentido a experiencias relevantes. El acoso sexual antes de la disponibilidad del concepto, los síndromes de exposición tóxica no reconocidos médicamente, las formas de discriminación algorítmica que afectan a comunidades sin vocabulario técnico para identificarlas: en todos estos casos, la injusticia no consiste en que se ignore un testimonio, sino en que la experiencia misma carece de marco interpretativo disponible en la cultura dominante.

15.3 Resistencia epistémica

José Medina complementa el análisis de Fricker mostrando que los grupos marginados no son receptores pasivos de injusticia epistémica, sino que desarrollan formas activas de resistencia epistémica: contraconocimientos, epistemologías del punto de vista (standpoint epistemology) y saberes de supervivencia que desafían las categorías dominantes (Medina, 2013). Kristie Dotson ha analizado cómo las prácticas de silenciamiento epistémico operan no solo a través de prejuicios individuales, sino a través de estructuras institucionales que determinan qué formas de conocimiento son reconocidas como tales (Dotson, 2011).

15.4 Implicaciones para el contraste central

La perspectiva de la injusticia epistémica obliga a reconocer que la oposición comunidades/grupos no es éticamente neutra. Algunas comunidades profesionales han perpetuado injusticias epistémicas —la exclusión del conocimiento indígena en la medicina, el descrédito sistemático de saberes femeninos, la medicalización de la disidencia política—, mientras que algunos grupos clasificados como “ideológicos” articulan formas legítimas de resistencia epistémica que desafían exclusiones injustas. El marco analítico de este capítulo debe incorporar esta ambivalencia: la calidad epistémica no depende solo de los procedimientos formales (revisión por pares, metodología estandarizada), sino también de la inclusividad de las voces que participan en la producción de conocimiento.

La crisis del agua de Flint, Michigan constituye un caso paradigmático de injusticia epistémica con graves consecuencias para la salud pública. Durante años, los residentes de Flint —una comunidad mayoritariamente afroamericana— denunciaron que el agua del grifo tenía color, olor y sabor anómalos y que estaba causando problemas de salud (erupciones cutáneas, pérdida de cabello, problemas neurológicos en niños). Sus denuncias fueron sistemáticamente desestimadas por las autoridades estatales y municipales, que presentaron análisis de agua que —se supo después— habían sido manipulados para minimizar los niveles de plomo.

El caso ilustra los tres niveles de injusticia epistémica analizados en esta sección: injusticia testimonial (los testimonios de los residentes fueron descartados como exageraciones o quejas infundadas, en un patrón donde la raza y la clase social redujeron sistemáticamente la credibilidad otorgada a los hablantes); injusticia hermenéutica (durante meses, los residentes carecían de los recursos técnicos para articular sus experiencias en términos que las autoridades reconocieran como válidos —no disponían de análisis independientes de agua ni de diagnósticos médicos que vincularan sus síntomas con la contaminación por plomo—); y resistencia epistémica (los residentes organizaron redes de recogida y análisis de muestras, contactaron con investigadores independientes y desarrollaron formas de activismo epistémico que finalmente lograron demostrar la contaminación).

El papel de la comunidad científica fue ambivalente: mientras las autoridades sanitarias estatales negaban el problema, fue un equipo de investigación de la Virginia Tech University, liderado por Marc Edwards, quien validó las denuncias de los residentes mediante análisis independientes. La ciencia ciudadana funcionó aquí como puente entre la comunidad profesional (ingenieros sanitarios, epidemiólogos) y el grupo afectado, demostrando que la producción de conocimiento fiable no requiere necesariamente credenciales institucionales formales, sino rigor metodológico —que puede ser adquirido y aplicado por ciudadanos motivados con el apoyo adecuado. En julio de 2025, se completó finalmente la sustitución de las tuberías de plomo, once años después de que los residentes comenzaran a denunciar el problema (Butler et al., 2016; Steeples, 2024).

La DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) que devastó la Comunitat Valenciana el 29 de octubre de 2024 —con más de 229 víctimas mortales, precipitaciones superiores a 700 mm en 24 horas y la destrucción masiva de infraestructuras— ejemplifica cómo la vulnerabilidad ante desastres naturales se distribuye de forma desigual y cómo las advertencias de los colectivos más expuestos son sistemáticamente desatendidas.

El componente de injusticia testimonial se manifestó en varios planos. Décadas de advertencias de geógrafos, hidrólogos y planificadores territoriales sobre el riesgo de inundación en zonas como la rambla del Poyo fueron ignoradas: en 2006, un equipo liderado por el catedrático de ingeniería hidráulica Félix Francés diseñó un plan de adecuación ambiental para drenar las aguas de la rambla, que nunca se ejecutó. Los vecinos de barrios como El Xenillet (Torrent) y La Torre (Valencia) —zonas con altos índices de desempleo e infravivienda— habían alertado repetidamente sobre deficiencias en infraestructuras de drenaje. Sus testimonios, marginados por su posición socioeconómica, fueron desestimados frente a los intereses de una urbanización descontrolada en zonas declaradas inundables.

La injusticia hermenéutica operó en la gestión de la emergencia: la alerta ES-Alert se envió a las 20:12h, cuando al menos 156 personas habían fallecido ya. El 84% de las víctimas murió antes de recibir aviso oficial alguno. Los residentes carecían de marcos interpretativos adecuados para evaluar el riesgo real —la categoría “DANA” no comunicaba la magnitud sin precedentes del evento—, y la alerta emitida no incluía instrucciones sobre subir a pisos altos, lo que contribuyó a muertes en plantas bajas y garajes.

La resistencia epistémica se articuló a través de la autoorganización ciudadana masiva que suplió las carencias institucionales en las primeras horas y días tras la catástrofe, y a través de informes como Llueve sobre mojado (Amnistía Internacional, 2025), que documentó cómo las familias con menos recursos afrontaron con mayor dificultad las consecuencias del desastre, evidenciando que la reconstrucción avanza a dos velocidades: rápida en zonas con mayor renta y cobertura aseguradora, lenta o inexistente en los barrios que ya eran vulnerables antes de la DANA (Amnistía Internacional, 2025; Pausas, 2024).

Los incendios Eaton y Palisades que arrasaron Los Ángeles en enero de 2025 —con 31 víctimas mortales, más de 16.000 estructuras destruidas y 200.000 personas evacuadas— constituyen un caso donde la injusticia epistémica intersecta con el racismo estructural y la segregación histórica en la distribución diferencial de los impactos.

Un informe del Ralph J. Bunche Center for African American Studies de UCLA documentó la dimensión racial de la catástrofe: el 61% de los hogares afroamericanos de Altadena se encontraban dentro del perímetro del incendio Eaton, frente al 50% de los hogares no afroamericanos; el 48% de los hogares afroamericanos fueron destruidos o sufrieron daños graves, frente al 37% de los no afroamericanos. La injusticia testimonial se manifestó de forma cruda en la gestión de las evacuaciones: Lake Avenue, la arteria que divide Altadena, marcó una frontera en la distribución de alertas. Al este, donde residían familias mayoritariamente blancas, las alertas llegaron temprano y las evacuaciones se realizaron con tiempo. Al oeste, habitado por comunidades afroamericanas y latinas, las órdenes de evacuación se emitieron de madrugada, cuando muchas casas ya ardían. De las 19 víctimas mortales del incendio Eaton, todas menos una vivían en el lado oeste.

La injusticia hermenéutica se proyecta hacia la fase de reconstrucción: el 57% de los propietarios afroamericanos de Altadena tienen más de 65 años y son especialmente vulnerables a coberturas de seguro insuficientes y a esquemas financieros predatorios. Las prácticas históricas de segregación residencial (redlining) concentraron a las familias afroamericanas precisamente en las áreas más afectadas por el fuego. La brecha entre las indemnizaciones de los seguros y el coste real de reconstrucción —que frecuentemente supera el millón de dólares— amenaza con una gentrificación acelerada que desplace definitivamente a la comunidad afroamericana de clase media que había convertido Altadena en un símbolo de resiliencia y oportunidad.

La resistencia epistémica se articuló a través de redes de ayuda mutua que suplieron la ausencia institucional, de organizaciones como la Eaton Fire Survivors Network (10.000 miembros) que denunciaron la lentitud de las aseguradoras, y de la investigación académica que documentó las raíces estructurales de la desigualdad ante el desastre. Como señaló Lorrie Frasure (UCLA): “El proceso de recuperación debe reconocer el legado histórico de segregación y las disparidades que se derivan de él” (Frasure et al., 2025; Rumbach, 2025).

16 Relativismo epistémico, democracia y gobernanza del conocimiento

El relativismo epistémico ha tenido efectos de largo alcance también en sociología y en la teoría política. La pérdida de credibilidad de investigadores e instituciones científicas ha dañado el reconocimiento de las ciencias sociales, dificultado la comunicación efectiva de sus resultados de investigación sobre polarización y fragmentación social como efecto de las cámaras de eco ideológicas, y contribuido a la ruptura de los marcos de diálogo y los protocolos para lograr consensos basados en hechos. El escenario resultante pone en pie de igualdad, en los medios generalistas y en las plataformas de interacción social en línea, las ideas sustentadas en conocimiento especializado y las opiniones preilustradas de grupos reaccionarios. De este modo la ignorancia pasa a ser una virtud, y el concepto de ciudadanía se asocia más con una actitud de resistencia a los hechos científicos en defensa de las creencias de grupo que con la capacidad de actuar de manera reflexiva e informada en la búsqueda del bien común (Lewis, 2018; Moreno Muñoz, 2021).

16.1 La paradoja de la tolerancia en el ecosistema digital

En comparación con la segunda década del siglo XXI, se dispone hoy de más perspectiva para detectar la debilidad estructural inherente a las democracias. Autores como Shawn Rosenberg analizan la democracia como un experimento cuya debilidad estructural no solo compromete su continuidad, sino que fracasa en promover el tipo de ciudadanía capaz de valorar sus logros y ventajas (2019). El intento de las élites de mantener bajo control los impulsos autoritarios de la población mediante crecimiento económico no deja de ser una ilusión de elección, como en las campañas exitosas de mercadotecnia que logran sesgar la elección del consumidor sin que este perciba la manipulación.

La gobernabilidad democrática tiene una debilidad estructural asociada con la paradoja de la tolerancia, según la propuso Karl Popper en La sociedad abierta y sus enemigos: una sociedad excesivamente tolerante que permita la proliferación de ideas intolerantes podría socavar las bases de su propia tolerancia (Popper, 1945). Esta paradoja adquiere una urgencia nueva en el ecosistema digital, donde “tolerar” contenido extremista tiene consecuencias inmediatas y medibles: la radicalización algorítmica transforma la tolerancia pasiva en amplificación activa. La Ley de Servicios Digitales de la UE (Parlamento Europeo y Consejo de la Unión Europea, 2022) puede interpretarse como una respuesta regulatoria a esta actualización digital de la paradoja popperiana, aunque su implementación plantea la cuestión no resuelta de quién decide qué es “desinformación” y qué papel corresponde a las comunidades profesionales en esa determinación.

16.2 De la democracia como “experimento fallido” a propuestas constructivas

Frente al diagnóstico pesimista de Rosenberg, otros autores ofrecen marcos constructivos. Kitcher propone una concepción de la ciencia en sociedad democrática que no aspira a la tecnocracia sino a la integración del conocimiento experto en procesos de deliberación pública genuinamente inclusivos (Kitcher, 2011). Oreskes argumenta que la confianza en la ciencia no es una cuestión de fe ciega sino de reconocimiento informado de los mecanismos institucionales —revisión por pares, replicación, diversidad de perspectivas— que hacen de la ciencia un sistema epistémicamente fiable, aunque imperfecto (Oreskes, 2021). Müller defiende que la democracia requiere reglas sustantivas, no solo procedimentales, que incluyan la protección de la infraestructura epistémica como bien público (Müller, 2021).

El concepto de gobernanza del conocimiento sintetiza estas propuestas: ¿cómo diseñar instituciones que protejan la calidad epistémica del espacio público sin caer en el paternalismo ni en la censura? La respuesta requiere integrar los análisis de este capítulo —normas de la ciencia (Capítulo 8), regulación digital (Sección 11.3), tensiones institucionales (Sección 14.3)— en un marco coherente que reconozca tanto la necesidad de estándares epistémicos como los riesgos de exclusión que conllevan.

Dificultando o retrasando la implementación de políticas basadas en evidencias sobre salud pública, cambio climático, lucha contra la corrupción y prevención de conflictos, los actores negacionistas han logrado politizar y transformar en batalla ideológica cualquier proceso de toma de decisiones informadas orientadas a la cooperación (Kunreuther & Heal, 2012; Moerland et al., 2016; Moreno Muñoz, 2021). Considerando la dimensión de las amenazas —desde la erosión democrática documentada por Levitsky y Ziblatt (2018) hasta los riesgos catastróficos analizados por Kolbert (2014) y Coates (2009)—, no debe extrañar el encuadre distópico del asunto en la literatura. Pero el catastrofismo sin propuesta constructiva es en sí mismo una forma de derrota epistémica.

Las diferencias entre comunidades profesionales y grupos ideológicos se hacen especialmente acusadas en los procesos electorales. Mientras las redes de funcionarios y personal involucrado en garantizar la normalidad del proceso cooperan para asegurar la limpieza y objetividad de los resultados, los grupos de afinidad ideológica con creencias autoritarias conspiran para desacreditar a sus rivales y denunciar fraude desde que conocen los primeros resultados desfavorables —la actitud que caracterizó los asaltos al Capitolio de EE.UU. (6 de enero de 2021) y al Congreso brasileño (8 de enero de 2023), alimentados por narrativas de fraude electoral sin sustento empírico.

Objetivo: Aplicar el marco analítico del capítulo para deconstruir una campaña de desinformación real e identificar posibles contramedidas.

Materiales: Mediante procesos colaborativos de búsqueda, se articulará un dossier con materiales sobre una campaña de desinformación documentada (opciones sugeridas: negacionismo climático financiado por la industria fósil, desinformación antivacunas durante COVID-19, narrativas de fraude electoral en democracias consolidadas).

Instrucciones:

  1. Identificar actores: ¿Qué comunidades profesionales se vieron afectadas? ¿Qué grupos ideológicos participaron en la campaña? ¿Qué intermediarios digitales amplificaron los mensajes?
  2. Clasificar mecanismos: Utilizando los conceptos del capítulo, clasifique los mecanismos empleados: ¿se crearon cámaras de eco o burbujas epistémicas (§6.5)? ¿Hubo dimensiones de injusticia epistémica (§6.9)? ¿Se explotó el caos epistémico existente (§6.4)? ¿Se capturaron ideológicamente comunidades profesionales (§6.8)?
  3. Proponer contramedidas: Para cada mecanismo identificado, proponga una contramedida viable evaluando su factibilidad, sus posibles efectos secundarios y su compatibilidad con los principios democráticos.

Rúbrica de evaluación:

  • Precisión analítica (30%): uso correcto de los conceptos del capítulo.
  • Exhaustividad (25%): identificación de actores, mecanismos y niveles de intervención.
  • Viabilidad de las propuestas (25%): realismo de las contramedidas propuestas.
  • Reflexión ética (20%): consideración de los dilemas entre protección epistémica y libertad de expresión.

17 Bases para una infraestructura epistémica saludable

Recapitulación conceptual

El recorrido expositivo/argumentativo en este capítulo se sustenta en un mapa analítico organizado en torno a varias distinciones fundamentales:

Distinciones analíticas del capítulo
Distinción Polo A Polo B Sección
Tipo de colectivo Comunidades profesionales Grupos de afinidad ideológica §6.1–§6.3
Mecanismo de cohesión Retroalimentación empírica Señales sociales cerradas §6.3
Entorno informativo Burbujas epistémicas Cámaras de eco §6.5
Actitud ante la parcialidad Perspectivismo (corregible) Cosmovisión (incorregible) §6.7
Dimensión ética Legitimidad epistémica Injusticia epistémica §6.9
Gobernanza Normas mertonianas Captura ideológica §6.2, §6.8

Ninguna de estas distinciones opera como dicotomía rígida: los casos híbridos (Capítulo 14) muestran que las fronteras son porosas, y la perspectiva de la injusticia epistémica (Capítulo 15) revela que las propias categorías pueden funcionar como instrumentos de exclusión.

Tesis central

La calidad del conocimiento de dominio público no depende solo de la competencia epistémica individual —de que cada ciudadano piense críticamente—, sino de la ecología o infraestructura epistémica en la que se desenvuelve: el conjunto de instituciones, normas, tecnologías y prácticas sociales que facilitan o dificultan la producción, distribución y evaluación fiable del conocimiento. Una ecología epistémica saludable requiere comunidades profesionales con normas epistémicas robustas, mecanismos de autocorrección funcionales, plataformas digitales cuya arquitectura no incentive la desinformación, marcos regulatorios que protejan la calidad del espacio público sin censurar, e inclusión activa de voces históricamente marginadas en la producción de conocimiento.

Conexión con los capítulos siguientes

Las dinámicas analizadas en este capítulo —la erosión de la autoridad experta, la captura ideológica de instituciones, la fragmentación digital del espacio público, la injusticia epistémica— alimentan los vectores de irracionalidad que el capítulo 7 examinará en detalle. El caos epistémico no es un fenómeno autónomo, ya que se nutre de sesgos cognitivos individuales (analizados en los capítulos 4 y 5) amplificados por dinámicas sociales y tecnológicas. A su vez, las estrategias de gobernanza del conocimiento exploradas aquí —desde las normas mertonianas hasta su dimensión digital— conectan con el análisis de gestión de riesgos y resiliencia institucional que abordará el capítulo 8.

Pregunta abierta

¿Es posible restaurar una ecología epistémica saludable sin abordar las desigualdades estructurales que producen injusticia epistémica? ¿Pueden las reformas institucionales (mejor regulación de plataformas, fortalecimiento de la educación científica, protección del periodismo de investigación) ser suficientes si no se atiende simultáneamente a las condiciones materiales que determinan quién puede participar en la producción de conocimiento y quién queda excluido?

Ejercicio de diseño institucional en el que los estudiantes aplican integradamente los conceptos del capítulo para proponer normas epistémicas que protejan la calidad del conocimiento producido por una institución concreta.

El taller se inspira en marcos como:

  • Normas mertonianas
  • Constitución del conocimiento (Rauch)
  • Refuerzo cognitivo (Kozyreva et al.)
  • Justicia epistémica (Fricker, Medina)
  • Constituciones algorítmicas contemporáneas, como la Claude Constitution de Anthropic (2024–2026), que ejemplifican cómo una institución técnica define principios normativos para gobernar la producción de contenido.

Seleccione una institución (o proponga otra con aprobación del docente):

  • Universidad pública
  • Medio de comunicación generalista
  • Agencia reguladora (sanitaria, medioambiental, financiera)
  • Plataforma digital de contenidos
  • Laboratorio de IA de frontera (p. ej., Anthropic, OpenAI, DeepMind), para explorar paralelos con constituciones algorítmicas

Para la institución elegida, proponga un conjunto de normas epistémicas que respondan a:

a) Mecanismos de control de calidad
¿Cómo se verifica la fiabilidad del conocimiento producido o difundido? ¿Qué estándares de evidencia se aplican?

b) Protección contra la captura ideológica
¿Qué salvaguardas impiden que intereses particulares —económicos, políticos, ideológicos— subordinen la misión epistémica de la institución?

c) Inclusión de perspectivas diversas
¿Cómo se garantiza que voces históricamente marginadas participen en la producción de conocimiento sin que la inclusión derive en relativismo?

d) Gestión de conflictos de interés
¿Qué mecanismos de transparencia y rendición de cuentas se implementan?

e) Adaptación al entorno digital
¿Cómo se protege la institución frente a campañas de desinformación y cómo contribuye a la salud del ecosistema informativo?

f) (Opcional) Constitución epistémica explícita
¿Sería útil adoptar una “constitución del conocimiento” formal, al estilo de la Claude Constitution?
¿Qué principios incluiría? ¿Cómo se haría pública y verificable?


Formato de entrega:
Documento de 2.000–3.000 palabras con:

  • Normas propuestas
  • Justificación teórica (con referencias al capítulo y bibliografía adicional)
  • Análisis de viabilidad

Criterios de evaluación:
- Coherencia del diseño normativo (30%)
- Fundamentación teórica (25%)
- Realismo y viabilidad (25%)
- Originalidad y creatividad (20%)


Permiten conectar el taller con debates actuales sobre constituciones algorítmicas, gobernanza de IA y diseño normativo de sistemas epistémicos:

Fattahi, A. (2026). Claude’s new constitution: AI alignment, ethics, and the future of model governance. Bloomsbury Intelligence and Security Institute. https://bisi.org.uk/reports/claudes-new-constitution-ai-alignment-ethics-and-the-future-of-model-governance

Shittu, E. (2026). Anthropic aims for transparency with Claude Constitution. AI Business. https://aibusiness.com/responsible-ai/anthropic-aims-for-transparency-with-constitution

Anthropic. (2024). Claude’s Constitution. https://www.anthropic.com/constitution
(Documento primario que ejemplifica una constitución epistémica aplicada a un sistema técnico.)

Kozyreva, A. et al. (2024). Toolbox of individual-level interventions against online misinformation. Nature Human Behaviour, 8(6), 1044-1052. https://doi.org/10.1038/s41562-024-01881-0

Miolane, N. (2025). The fifth era of science: Artificial scientific intelligence. PLOS Biology, 23(6), e3003230. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3003230